Supergirl desembarcó en las salas de cine con un giro inesperado respecto a las versiones anteriores. La película, dirigida por Craig Gillespie, introduce a una Kara Zor-El que rompe con el molde tradicional de heroína esperanzadora, para ofrecer un personaje cargado de rabia y dolor tras la destrucción de Krypton.

La actriz australiana Milly Alcock, reconocida por su papel en La Casa del Dragón, encarna este nuevo rostro de Supergirl, cuya actuación ha recibido elogios unánimes como la principal fortaleza del filme. La trama sigue a Kara en un viaje interestelar junto a Ruthye, en busca de justicia después de que un villano elimine a su perro Krypto, generando así una historia centrada en la venganza más que en la inspiración clásica.

Por otro lado, Jason Momoa interpreta a Lobo, una figura que ha suscitado debates dentro de la comunidad de fans por su representación en esta entrega. La dirección de Gillespie imprime un estilo visual que recuerda más a una aventura al estilo Mad Max en el espacio, alejándose de los formatos tradicionales del cine de superhéroes y dotando de frescura y crudeza al relato.

En cuanto a la recepción comercial, la película consiguió una taquilla modesta pero suficiente, con ingresos estimados entre 47 y 50 millones de dólares durante el fin de semana de estreno en Estados Unidos. Esto confirma el interés del público por el nuevo enfoque del DC Universe, que abre la puerta a futuras producciones dentro del «Capítulo 1: Dioses y Monstruos».